Luego de la tarjeta roja a Martínez Quarta por falta de último recurso a Merentiel, Ponzio sacó a Lucas Beltrán para que Lautaro Rivero complete la defensa y pareció por un rato que River había logrado reordenarse bastante bien con su esquema 4-4-1 llevando a Boca a repetirse en los centros frontales sin que pudiera hacer valer el hombre de más que tenía.
Pero despues del gol de cabeza de Luciano Di Lollo a los 27 tras un corner del colombiano Villa desde la derecha, Boca desplegó sus mejores minutos de la tarde. Y ahí justificó la victoria, ni antes ni después. La gran diferencia estuvo en la media cancha, en la movilidad y certeza de Delgado para jugar la pelota, en todo lo que Ascacibar recuperó y en sus llegadas al área y desde luego, en la presencia de Paredes para ordenar desde allí. En ese rato, Rivero llegó antes que Merentiel cuando el uruguayo se preparaba para mandar a la red un centro de Villa, otro cabezazo de Merentiel se fue por arriba del travesaño, Montiel a punto estuvo de hacerse un gol en contra y un derechazo de Paredes salió apenas por encima del travesaño.
En el segundo tiempo, Lautaro Pereyra ingresó por Tomás Silva y Almada (con mas obligaciones defensivas que ofensivas) se arrimó a Correa para tratar de darle a River la profundidad de la que había carecido. Hubo más posesión de la pelota, pero la ofuscación terminó nublando las mentes riverplatenses. Montiel, Otamendi y Acuña chapearon al árbitro Ramirez protestándole hasta sus escasos aciertos. Porque River nunca se sintió capaz de empatar el partido pese a la inferioridad numérica. Fue tan pobre lo suyo que ni siquiera le dio para ganar de guapo. La derrota quedó sellada cuando a los 79, Ramírez se hartó de la actuación dramática de Montiel y lo expulsó luego de una fuerte entrada contra Blanco.
En este contexto, la victoria xeneize no corrió riesgo y hasta pudo haber sido más grande: en el segundo minuto adicional, Velasco (que había entrado por Flores) estrelló un tiro en el poste izquierdo. De los dos, Boca fue el único que quiso jugar y le alcanzó con lo poco que pudo poner. Por eso, al caer la tarde, hubo fiesta en el barrio azul y oro. Se había derrotado otra vez al rival de toda la vida y tal vez esta semana, empiecen a festejarse títulos en esa hoguera de pasión que siempre es la Bombonera boquense









