Elecciones clave en EE. UU.: Trump se juega su mayoría en el Congreso en medio de internas y fuerte desaprobación

Las perspectivas de un triunfo electoral del partido de Trump no son buenas. La base electoral trumpista –MAGA-  ahonda su fragmentación, mientras tanto. Un presidente sin opciones de reelección, debilitado y, tal vez, investigado debería verse limitado en sus embestidas a la región. 
01 de noviembre de 2026Info MisionesInfo Misiones

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El martes 3 de noviembre será un día muy especial. Raramente las elecciones legislativas en Estados Unidos trascienden el interés local y se transforman, como en este 2026, en un fenómeno de atención globalizada. En esta ocasión, si el gobierno de Donald Trump pierde su actual mayoría en las cámaras, el impacto no sólo podría afectar a los estadounidenses sino también a los latinoamericanos y al mundo.

El mismo presidente Trump se encargó de nacionalizar estos comicios y convertirlos en un plebiscito para medir el respaldo popular a su gestión y a su persona, de cara a sus dos últimos años como mandatario. El magnate ya no tiene, constitucionalmente, ninguna posibilidad de volver a habitar la Casa Blanca.

Las perspectivas de un triunfo electoral del partido de Trump no son buenas. Lejos de mostrar unidad para ganar las elecciones y seguir controlando el Congreso, el Partido Republicano se debate en internas. Hoy el Secretario de Guerra, Peter Hegseth, está en el centro de la tormenta. Como se explica en esta nota más adelante, el jefe del Pentágono es adicto a las purgas en los más altos mandos de las Fuerzas Armadas estadounidenses lo que ha incrementado las voces que piden su destitución. 

Ante unas elecciones de medio término muy reñidas, la base electoral trumpista –MAGA-  ahonda su fragmentación. La fractura es fogoneada no sólo por quienes critican a Trump por no haber cumplido su promesa de evitar más guerras sino por los que se ven perjudicados por las políticas de aranceles y por el aumento de combustibles derivado de la guerra contra Irán.

En este contexto la popularidad de Trump sigue cayendo en picada.  La conocida revista británica The Economist publicó, ayer sábado 31 de octubre, que la imagen negativa del presidente es de 61% (0,2% menos que la semana pasada) contra un 34% de aprobación. Otras encuestas como las de Ipsos, Washington Post y ABC News dan cifras aún peores: 66% de desaprobación frente a 32% de apoyo.

Entre los principales reclamos de los estadounidenses están el alza del costo de vida; la persecución migratoria (que han desencadenado, entre otras cosas, la escasez de mano de obra) y, como se dijo, la decisión de atacar a Irán con el consiguiente aumento sin freno del combustible, pesadilla que el actual gobierno intenta compensar con el petróleo sustraído a Venezuela. El precio del diésel alcanzó máximos históricos: en promedio superó los 6,5 dólares el galón, el doble del precio del 2025. 

Purgas en el Pentágono

El pasado jueves 29 de octubre, el secretario de Guerra, Peter Hegseth echó al teniente general Brett Sylvia –conocido también como J5-  máximo responsable de la estrategia, la planificación y la política del Estado Mayor Conjunto de las FFAA del imperio, es decir, una figura crucial para un país cuya columna vertebral ha sido siempre la guerra.

El teniente general Sylvia fue destituido abruptamente por una presunta “conducta indebida”, eufemismo que los medios norteamericanos, traducen como la sospecha de que J5 realizó filtraciones de información clasificada, probablemente a la prensa nacional.

En un comunicado oficial, el vocero del Pentágono explicó (sin nombrar al despedido): “Tras una exhaustiva investigación de la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI), el Departamento tomó las medidas necesarias para proteger información sensible. Para salvaguardar la integridad de la investigación, no se harán más comentarios sobre el individuo ni sobre las circunstancias de esta acción”.

Las tensiones dentro del Pentágono son un secreto a voces. Según la CNN (medio anti Trump), varios militares aseguran que Hegseth desconfía de quienes percibe como posibles rivales en el cargo y, en ese sentido, socava o elimina a quienes ve como una amenaza. Por esta razón –dicen- amplificó las investigaciones de filtraciones y el uso del detector de mentiras a civiles y militares en el Pentágono.

A fines de agosto, Hegseth se deshizo del secretario de Defensa, Dan Driscoll (muy amigo del vicepresidente J.D.Vence) y, en abril, despidió por teléfono al Jefe del Estado Mayor, general Randy George. En septiembre ya había ordenado la salida de más del 20% de los generales cuatro estrellas, por “ser progresistas” o no tener suficiente “ética guerrera”. Muchos temen que Hegseth terminen convirtiéndose en un lastre político para la actual administración.

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