
¿Qué ocurrió realmente el 12 de octubre?
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Durante mucho tiempo, el 12 de octubre fue presentado en las escuelas como el día en que Cristóbal Colón “descubrió” América.
La imagen de las tres carabelas atravesando el océano y llegando a una tierra desconocida forma parte del imaginario histórico, pero detrás de esa representación existe un proceso mucho más complejo, marcado por el encuentro entre sociedades diferentes, la conquista y la violencia.
Para Ariel Mamani, historiador y docente de Historia de América I de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, comprender aquel acontecimiento exige revisar la propia idea de “descubrimiento”.
La fecha del primer contacto quedó registrada en la bitácora de Colón, pero más importante que la precisión cronológica es comprender qué creía haber encontrado el navegante.
“El proyecto colombino consistía en buscar una ruta alternativa hacia las Indias, es decir, hacia los territorios de Oriente que incluían en el imaginario europeo a China, Japón y la India”, explicó Mamani.
El objetivo era llegar a Oriente atravesando el océano hacia el oeste, en una estrategia diferente de la elegida por Portugal, que había optado por bordear África.
“Era un proyecto bastante innovador en aquel entonces. Había sido una pretensión de casi todas las monarquías europeas del siglo XV. Colón tomó una posición mucho más temeraria, que era lanzarse hacia el océano que no estaba explorado”, sostuvo.
Después de presentar su propuesta ante distintas cortes, Colón obtuvo el respaldo de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
El 12 de octubre de 1492 creyó haber cumplido su objetivo, aunque en realidad había llegado a un territorio que Europa todavía no reconocía como un continente diferente de Asia.
El primer contacto
El encuentro entre los navegantes europeos y los habitantes de las islas del Caribe estuvo marcado inicialmente por el desconocimiento mutuo. Los pueblos que Colón encontró desarrollaban formas de vida diferentes de las europeas, pero describirlas como “atrasadas” supone imponer una mirada jerárquica.

“Estos pueblos vivían así no porque fueran atrasados, sino simplemente porque era la forma que habían elegido”, explicó Mamani.
A las diferencias culturales se sumaba el obstáculo del lenguaje. Europeos y habitantes de las islas no compartían códigos lingüísticos ni culturales, por lo que los primeros intercambios estuvieron atravesados por gestos y dificultades de comunicación.
La sorpresa fue mutua: mientras los europeos se encontraban con paisajes y formas de vida desconocidas, los habitantes de las islas debieron enfrentarse a grandes embarcaciones, hombres vestidos de manera diferente y costumbres que no podían interpretar.
Sin embargo, ese primer desconcierto rápidamente dio paso a una relación profundamente desigual. “Muy rápidamente empieza a devenir una violencia que los europeos empiezan a instalar a partir justamente de esta lógica de sentirse superiores y de sentirse que se están apropiando de un espacio que ellos podrían pensar ya como propio”, sostuvo Mamani. La sorpresa inicial quedó así atravesada por la apropiación, la explotación y la violencia.
La realidad que Colón no quiso ver
Colón realizó cuatro viajes hacia los territorios americanos y mantuvo durante ellos una misma interpretación: aquello que encontraba formaba parte de Asia. El primer viaje, el más conocido, se realizó en 1492, mientras que los otros tres se llevaron a cabo en 1493, 1498, y 1502. “Colón nunca reconoció que esa tierra a la que había arribado no pertenecía a las Indias, sino todo lo contrario. Para él no había alternativa”, explicó Mamani.
Las Capitulaciones de Santa Fe establecían derechos, obligaciones y beneficios vinculados con los resultados de la expedición. Para el historiador, esa situación también ayuda a comprender por qué Colón nunca reconoció públicamente su posible error.
“No lo sabemos. Podemos hacer hipótesis. Tal vez el tener que reconocer que él había cometido un error y que había encontrado con algo nuevo tuviese que hacer rever algún tipo de esos contratos y de lo que él supuestamente había logrado. Pero públicamente, él nunca reconoció que se encontró con un nuevo continente”, planteó.
La identificación de esas tierras como un nuevo continente llegaría posteriormente, a partir de otros viajes, exploraciones y representaciones cartográficas.
En ese proceso cobró relevancia Américo Vespucio. “A comienzos del siglo XVI comenzó a difunidrse la expresión ‘Nuevo Mundo’ para referirse al continente, utilizándose luego el nombre de “Amerigie”, en referencia a Vespucio. Con el paso del tiempo, América aparece como el nombre definitivo del continente”, explicó Mamani.
La paradoja es que el continente terminó llevando el nombre de un navegante que no encabezó el primer viaje europeo hacia esas tierras, mientras Colón murió sin reconocer que había llegado a un territorio diferente de Asia.
Incluso después de que esa realidad geográfica comenzó a hacerse evidente, la Corona española continuó utilizando durante mucho tiempo la denominación “Indias” para referirse a los territorios americanos.
La llegada de Colón tampoco fue solamente una hazaña de navegación, sino el inicio de un proceso de invasión y conquista.
La búsqueda de oro y la explotación de los territorios y sus habitantes generaron conflictos con las poblaciones originarias, sus propios hombres y la Corona española.
“Colón comenzó una explotación de oro en superficie, la búsqueda constante de información de manera muy violenta para ver si encontraba estos imperios que él buscaba y demás. Esto le generó no solamente el odio de estos pueblos originarios con los que se encontró, sino también de parte de la tripulación y de la gente que lo acompañó en los sucesivos viajes”, relató Mamani.
El conflicto también tuvo una dimensión política. Mientras Castilla y Aragón avanzaban en un proceso de centralización del poder, Colón ejercía desde miles de kilómetros de distancia una autoridad sobre territorios que consideraba propios.
“Una especie de feudalismo fuera de foco”, resumió Mamani.
Finalmente, fue destituido y llegó a estar encarcelado. “Colón estuvo encarcelado por sus diferencias con la corona y mantuvo larguísimos pleitos judiciales que incluso se resolvieron luego de su muerte. Tuvo un final no muy feliz”, concluyó.
Del conquistador al mito
La imagen de Colón que llegó a las aulas argentinas no fue una consecuencia directa de lo ocurrido en 1492, sino el resultado de una construcción histórica posterior.
Otras potencias europeas comenzaron a construir una imagen negativa de Colón y de la conquista española, en el marco de sus propias disputas geopolíticas. “Algo que claramente era así, pero bueno, lo venían a plantear otras potencias que no tenían mejores intenciones”, sostuvo Mamani en referencia a la llamada “leyenda negra”.
La figura de Colón atravesó así diferentes momentos de reivindicación y resignificación, hasta que la independencia de Estados Unidos marcó un punto de inflexión.
Según Mamani, después de 1776 los estadounidenses buscaron figuras que les permitieran construir una identidad propia y despegarse de la herencia británica. “No podían buscar una especie de conquistador o de figura principal que fuera británica para marcar su identidad, sino que buscaron algo más genérico, más general del continente y aparece la figura de Colón”, explicó.
La construcción del 12 de octubre
En Argentina, el proceso tuvo inicialmente un sentido diferente. Tras la independencia predominó una fuerte mirada antihispánica, que asociaba a España con el atraso.
Colón no ocupó entonces un lugar central en el sistema educativo, pero la situación comenzó a cambiar hacia fines del siglo XIX y principios del XX, con el surgimiento de un nuevo panamericanismo y un progresivo acercamiento entre Argentina y España.
En ese contexto comenzó a reivindicarse no tanto la figura de Colón como la fecha de su llegada. “Allí es donde comienza a reivindicarse, más que la figura de Colón, una fecha que daba inicio a la historia del continente, que por supuesto es falsa, porque existían 80 o 90 millones de personas en lo que hoy es América antes de la llegada de los europeos”, explicó Mamani.
La construcción del 12 de octubre como fecha fundacional tuvo una primera institucionalización durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, cuando en 1917 comenzó a conmemorarse oficialmente.
La denominación adoptada fue inicialmente “Día de la Raza”, en sintonía con la forma en que España reivindicaba la fecha.
Esa mirada permaneció durante décadas, hasta que comenzó a ser revisada y se reemplazó por una denominación que pone el foco en la diversidad cultural. “Se deja la fecha, pero se adapta el nombre para hacerlo más inclusivo y menos orientado en la mirada eurocéntrica”, concluyó Mamani.
El cambio sintetizó una transformación más amplia en la manera de interpretar aquel 12 de octubre: ya no como el inicio de la historia americana, sino como un momento de encuentro y conflicto entre sociedades que ya existían mucho antes de la llegada europea.



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