Lula busca la remontada: abstencionistas, redes y una nueva agenda contra la derecha
Info Misiones
A menos de tres semanas de la segunda vuelta presidencial en Brasil, el presidente Lula da Silva enfrenta uno de los desafíos más complejos de su trayectoria política reciente. Tras quedar unos 2,3 millones de votos por detrás de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) no sólo necesita recuperar terreno electoral, también debe alterar la dinámica de una campaña en la que la derecha ha logrado marcar buena parte de la agenda pública.
Las matemáticas electorales no favorecen al oficialismo. Una parte significativa de los votos obtenidos por los candidatos de derecha eliminados en la primera vuelta podría terminar apoyando a Bolsonaro. Por eso, dentro del PT gana fuerza la hipótesis de que la elección no se definirá tanto por la capacidad de cambiar la preferencia de votantes ya movilizados como por la de atraer a quienes decidieron quedarse en casa. Más de 33 millones de brasileños se abstuvieron en la primera vuelta. Es en ese universo donde Lula parece concentrar ahora buena parte de sus expectativas.
“Los dos candidatos son ampliamente conocidos: más del 95% de los electores sabe quiénes son. Se trata de un fenómeno inaudito en Brasil, un país de dimensiones continentales y atravesado por profundas desigualdades sociales y regionales. Sin embargo, el precio de ese nivel de conocimiento es que ambos arrastran índices de rechazo muy elevados” afirmó a El Destape, Beto Vasques, director de Relaciones Institucionales del Instituto Democracia em Xeque (Instituto Democracia en Jaque), y profesor de Comunicación Política en la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP).
Vásquez sostuvo que la estrecha victoria de Flavio en la primera vuelta, por apenas 1,87 puntos porcentuales, refleja la reducida diferencia observada en los niveles de aprobación del gobierno. En ese contexto, consideró que el desafío de Lula pasa por ofrecer al electorado una visión de futuro más atractiva y esperanzadora, al tiempo que busca advertir sobre los riesgos que, a su juicio, implicaría una eventual victoria de su adversario. “La clave de la segunda vuelta estará en captar a los votantes pendulares: movilizar a los sectores progresistas para que concurran a las urnas y desalentar a parte del electorado conservador moderado, inclinándolo hacia la abstención o el voto en blanco o nulo. Aunque Flávio represente la idea de cambio, no es un cambio que despierte pasiones ni un entusiasmo masivo entre el electorado", agregó.
La batalla digital
Mientras el bolsonarismo desarrolló una amplia red de influencers, canales de YouTube, grupos de WhatsApp y comunicadores capaces de instalar temas y narrativas, la izquierda ha seguido dependiendo en gran medida de estructuras partidarias tradicionales y de los medios convencionales.
Entre los movimientos más relevantes del oficialismo rumbo a la segunda vuelta figura la admisión de una falencia diagnosticada desde hace tiempo por referentes e intelectuales cercanos al PT, quienes advierten que la derecha desarrolló un ecosistema digital más eficaz y con mayor capacidad para moldear la conversación pública y disputar el sentido común, una ventaja que el partido considera imprescindible corregir si quiere fortalecer su capacidad de movilización y ampliar su alcance en esta etapa decisiva de la campaña.
Una de las figuras que mejor representa el debate interno del PT sobre este tema es Ana Elisa Santos Silva, la influencer de 21 años que acaba de convertirse en la diputada federal más joven de la historia de Brasil y en la mujer más votada de la historia de Minas Gerais para la Cámara de Diputados. Con más de dos millones de seguidores en redes, construyó su notoriedad política mucho antes de ingresar en la política institucional, produciendo contenidos sobre educación pública, racismo, feminismo, derechos sociales y trabajo. Tras su victoria, defendió abiertamente una renovación de las estrategias de comunicación de la izquierda.
“Si la izquierda no domina las redes sociales, vamos a perder”, afirmó en portal brasileño Metrópoles el 5 de octubre, pocas horas después de la primera vuelta, al tiempo que sostuvo que su propio resultado electoral fue consecuencia directa de la comunidad que construyó en el entorno digital.

"El PT debería plantear como tarea para cada militante, o para cualquier persona progresista, salir a las calles, hacer trabajo puerta a puerta y dialogar directamente con la gente, preguntando: '¿Por qué uno y no el otro?'. A partir de las respuestas de cada persona, habría que construir contrapuntos capaces de conquistar votos", dijo en diálogo con El Destape, Delana Corazza, Dra. en Geografía por la Universidad Estatal Paulista (UNESP) e investigadora especializada en termas sociales.
Corazza agregó que el voto de la clase trabajadora, especialmente entre los sectores más empobrecidos, es extremadamente volátil y difícil de interpretar. En ese sentido, sostuvo que, si bien las redes sociales son importantes para difundir ideas y brindar argumentos a la militancia, la disputa por esos votos requiere una estrategia más directa, basada en escuchar las demandas concretas de la población y responder a ellas. También remarcó que quienes realizan trabajo territorial no deben infantilizar ni menospreciar a quienes votaron por Bolsonaro ni a los indecisos.
Algunos observadores han puesto el foco en el apoyo recibido por comunidades digitales vinculadas a artistas y fenómenos culturales. Los fandoms de cantantes internacionales como Taylor Swift (los llamados Swifties), BTS, Harry Styles y The Weeknd protagonizaron una movilización espontánea en las redes sociales para expresar y amplificar su apoyo a Luiz Inácio Lula da Silva antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. A través de hashtags, campañas digitales, publicaciones informativas y llamados al voto, estos colectivos, tradicionalmente vinculados a la cultura pop y al entretenimiento y muchas veces “despolitizados”, aprovecharon su capacidad de organización y alcance en plataformas como Twitter, Instagram y TikTok para difundir mensajes favorables al candidato del Partido de los Trabajadores.
Una agenda propia
Durante la primera vuelta, el oficialismo concentró sus ataques en el llamado caso Banco Master, las denuncias sobre los vínculos entre poder económico y político y la identificación del candidato con el legado de Jair Bolsonaro. Además, respondió a cuestiones impulsadas por la derecha, como la seguridad pública, la lucha contra el crimen, los valores conservadores y defenderse de las críticas a la gestión gubernamental. Además, Lula hizo de las apuestas online uno de los ejes más visibles de su campaña en las semanas previas a la elección, convencido de que el fenómeno condensaba preocupaciones vinculadas a la deuda familiar, la salud mental y el deterioro de las condiciones de vida.
De cara a la segunda vuelta, la llamada reforma del 6x1 que propone eliminar el esquema laboral de seis días de trabajo por uno de descanso, reduciendo la jornada semanal de 44 a 40 horas y garantizando dos días de descanso remunerado sin rebaja salarial, parece ser una de las principales banderas del lulismo para dominar la agenda.

En ese marco, Lula desafió públicamente a Bolsonaro, a definir la posición de su partido frente a la iniciativa, que, según el presidente, permitiría garantizar “más tiempo para la vida familiar, el descanso y el ocio”.
Bolsonaro, por su parte, ha criticado la propuesta por considerarla una medida “oportunista” y sostiene una visión más flexible de las relaciones laborales, basada en acuerdos directos entre empleados y empresas y en una reducción de la carga tributaria, rechazando la imposición de una jornada laboral fija de 40 horas semanales.
El regreso a la confrontación directa
Otra de las discusiones estratégicas que parece haber cambiado de rumbo dentro del PT es la relativa a los debates televisivos. Durante la primera vuelta, Lula optó por no participar en ninguno de ellos, una decisión que generó cuestionamientos incluso entre sectores cercanos al oficialismo. El presidente justificó su ausencia argumentando que los formatos con múltiples candidatos son "infructíferos", favorecen las "gracietas" (chicanas) y las intervenciones efectistas por encima de la discusión de propuestas. En una entrevista concedida al podcast Flow el 1 de octubre, sostuvo además que el "debate bueno" es el del segundo turno, cuando la elección se reduce a un enfrentamiento directo entre dos candidatos. Es por esto que el presidente ha confirmado que sí participará en los debates de la segunda vuelta, defendiendo precisamente el formato "cara a cara" que considera más productivo.
"En la primera vuelta asistimos a lo que yo llamo una campaña sin campaña: prácticamente no hubo debate electoral. La discusión pública estuvo dominada por el escándalo de Bancomaster y sus implicancias en el Supremo Tribunal Federal y, en la última semana, por la controversia en torno a la patrona de Brasil, Nuestra Señora Aparecida", sostuvo Vasques.
Según el analista, los temas de fondo de la contienda quedaron relegados, en un contexto que terminó favoreciendo a Bolsonaro al evitar que se discutieran aspectos controvertidos de su trayectoria política y personal. También consideró que la ausencia de Lula en los debates permitió que Flávio se mantuviera al margen de esos intercambios y preservara su imagen frente al electorado. La segunda vuelta podría modificar ese escenario gracias a una mayor confrontación entre propuestas, la realización de debates y la creciente importancia de la movilización tanto en las calles como en las redes sociales.
Por su parte, Bolsonaro anunció que, si llega al poder, impulsará una reforma de la Constitución con el objetivo de “redemocratizar” Brasil y garantizar, según sus palabras, que las instituciones vuelvan a respetar la Carta Magna. Entre las medidas adelantadas figuran una reforma del Poder Judicial, la reducción de la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años y la eliminación de la reelección presidencial.
"Creo que las estrategias de Bolsonaro son las tradicionales: enfatizar la cultura del miedo, la amenaza comunista y profundizar las discusiones vinculadas a las agendas morales, especialmente las referidas al género y la sexualidad", dijo Corazza en relación a la campaña de Bolsonaro para la segunda vuelta.
La investigadora sostuvo además que la derecha también apela a la idea de un Estado ineficiente y corrupto, al tiempo que presenta las demandas del mercado como una salida a los problemas del país. En ese marco, explicó que la reducción del gasto público continúa siendo una bandera que perjudica principalmente a los sectores más pobres, pero que aun así conserva niveles importantes de adhesión porque se apoya en la percepción de que el Estado resulta inútil para buena parte de la población. Sin embargo, consideró que el elemento más persistente y efectivo sigue siendo el antipetismo, una dinámica que, a su juicio, la izquierda todavía no ha logrado revertir y que se expresa en la demonización del PT.
Quizás ese sea el desafío más profundo para un partido que, con victorias y derrotas, lleva más de tres décadas marcando el pulso de la política brasileña, volver a hablarle a una parte del electorado que alguna vez consideró propia y que hoy aparece más volátil y receptiva a otros discursos. En una disputa definida por márgenes estrechos, la capacidad del PT para reconstruir ese vínculo podría ser, en última instancia, la clave de una eventual remontada.




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