Tres de cada cuatro hogares en barrios populares no logran cubrir sus necesidades básicas

Un día antes de que se dé a conocer el índice de pobreza del INDEC, un informe del Instituto Periferias muestra la desesperada situación que atraviesan los sectores vulnerables. 
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Tres de cada cuatro habitantes de barrios populares aseguran que los ingresos de su hogar ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. Un relevamiento nacional elaborado por el Instituto Periferias muestra que el 75,4% de las personas que habitan en las zonas más humildes de la Argentina afirma que los ingresos de su hogar no resultan suficientes para solventar cuestiones esenciales como alimentación y salud. 

El estudio, basado en una muestra cuantitativa de 5.088 casos distribuidos a nivel nacional y realizado durante el mes de agosto de 2026, expone un diagnóstico crítico sobre el deterioro de las condiciones socioeconómicas en los sectores más vulnerables de la Argentina.

Según el informe, al que pudo acceder El Destape, frente a este escenario de pérdida generalizada del poder adquisitivo, únicamente un 10,8% de los encuestados indicó que sus entradas monetarias le alcanzan para solventar los gastos del día a día.

El colapso de la capacidad de compra se encuentra estrechamente vinculado a las transformaciones recientes en el mercado laboral de los barrios vulnerables. De acuerdo con este estudio, el 49,4% de los hogares sufrió la pérdida del empleo principal de alguno de sus integrantes en el transcurso del último año y el 46,8% de los consultados obtiene sus recursos monetarios fundamentalmente a través del trabajo informal o changas. 

Al analizar este panorama, el sociólogo y director del Instituto Periferias, Daniel Menéndez, señaló que el informe da cuenta de una “crisis de ingresos” y consideró que bajo estas condiciones “no hay plata que aguante”. A su vez, el referente de Barrios de Pie agregó que a esta situación "se le suma la emergencia del endeudamiento como rueda de auxilio".

Endeudamiento cotidiano y severa restricción alimentaria

Ante la insuficiencia de ingresos, emerge el crédito como mecanismo recurrente para garantizar la subsistencia diaria. Los datos recopilados indican que el 61,8% de la población relevada mantiene actualmente algún tipo de deuda financiera, mientras que un 59,8% debió pedir dinero prestado o endeudarse específicamente para comprar alimentos. 

Esta restricción económica impactó de manera directa en la dieta familiar: el 73,4% de los hogares debió discontinuar el consumo de alimentos saludables como carnes, frutas, lácteos y legumbres. La problemática alcanza niveles complejos, dado que el 43,7% de los encuestados atraviesa inseguridad alimentaria grave y el 42,3% llegó a pasar un día entero sin comer por falta de dinero.

El déficit de ingresos se combina con importantes carencias estructurales en el acceso a la protección social y a los servicios públicos: el informe destaca que el 62,2% de los residentes de estas comunidades no posee obra social ni prepaga, por lo que depende de manera exclusiva de la atención de la salud pública. 

En materia habitacional y de infraestructura, el 48,1% de las viviendas carece de conexión a la red de cloacas y el 73,5% depende del uso de garrafas de gas para cocinar, frente a solo un 18% que cuenta con acceso a gas de red.

La persistencia de estas dificultades económicas generó consecuencias directas sobre la dimensión emocional y comunitaria. El 70,6% de los entrevistados percibe un deterioro en la salud mental de su barrio, al tiempo que el 58,2% manifestó sentir ansiedad o tristeza de forma frecuente o permanente a causa de la situación económica. 

Paralelamente, la sobrecarga en el ámbito doméstico condiciona la organización interna del hogar. En el 40,1% de los casos, se dedican entre 5 y 12 horas diarias a tareas no remuneradas de cuidado de niños o adultos mayores, una responsabilidad que recae de forma desproporcionada sobre las mujeres e incide en sus posibilidades de inserción en el mercado laboral.

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