
Tres de cada cuatro hogares de barrios populares no llegan a cubrir lo básico para vivir
Info Misiones
Tres de cada cuatro hogares que viven en barrios populares no logran cubrir con sus ingresos los gastos mínimos del mes, según el informe final del Instituto Periferias, elaborado a partir de un relevamiento de 5.000 casos en 15 provincias. El mismo estudio muestra que el 61,8% de las personas consultadas tiene algún tipo de deuda y que el 59,8% recurrió al endeudamiento para comprar alimentos, una combinación que expone cómo el crédito dejó de funcionar para una parte de los sectores populares como una herramienta para anticipar consumo y pasó a ocupar el lugar de ingresos que ya no alcanzan.
El resultado final de la investigación amplía y profundiza el adelanto difundido por el instituto durante agosto, cuando había informado que el 59,8% de las personas relevadas estaba endeudada y que el 42,3% de quienes tenían deudas las habían contraído para comprar comida. En esta nueva medición, el porcentaje de endeudamiento asciende al 61,8% y el destino alimentario adquiere una dimensión todavía mayor: el 59,8% de las personas endeudadas afirma haber pedido dinero o asumido una deuda para poder comprar alimentos.
Si el 74,4% de los hogares afirma que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos mínimos, el endeudamiento aparece como la consecuencia de una insuficiencia previa y no solamente como una decisión financiera de las familias. El crédito permite resolver el gasto inmediato, pero agrega una obligación futura sobre ingresos que ya resultaban insuficientes para cubrir las necesidades corrientes.
La investigación fue realizada durante agosto por el Instituto Periferias, dirigido por el sociólogo Daniel Menéndez, junto con organizaciones sociales y equipos de profesionales e investigadores. El organismo se propone construir estadísticas e indicadores sociales a partir del trabajo territorial y de la participación de organizaciones de los propios barrios populares, con una mirada sobre las condiciones concretas en las que se desarrolla la vida cotidiana.
El nuevo relevamiento vuelve a colocar en el centro una discusión que suele quedar detrás de los números de inflación: qué ocurre cuando los precios pueden desacelerarse en términos interanuales, pero los ingresos de una parte de la población continúan sin alcanzar para pagar alimentos, servicios, alquileres y otros gastos básicos. En esos hogares, la pérdida de capacidad de compra no se resuelve con una tasa de inflación más baja si el punto de partida salarial quedó demasiado atrás.
La deuda como parte del ingreso
Menéndez definió el cambio que observa el estudio en el comportamiento de las familias: "el patrón de endeudamiento en las familias cambió a partir de la crisis social. Pasaron de endeudarse por una eventualidad extraordinaria como el cumple de 15, o una emergencia familiar, a hacerlo de manera crónica para sostener la compra de comida". La diferencia es relevante porque modifica la función que cumple la deuda en el presupuesto familiar.
Un préstamo para afrontar una reparación, comprar un electrodoméstico o resolver un gasto excepcional supone incorporar una obligación para financiar una decisión determinada. Cuando la deuda se utiliza para comprar alimentos, en cambio, el problema que genera el endeudamiento vuelve a aparecer con el próximo ingreso mensual.

El informe preliminar que el Instituto Periferias había difundido el 25 de agosto ya mostraba esa transformación. En aquella oportunidad, el 59,8% de las personas consultadas tenía deudas y, dentro de ese universo, el 42,3% había utilizado ese dinero para comprar comida. El estudio también había identificado distintas vías para conseguir financiamiento: el 37,8% mencionó las tarjetas de crédito, el 28,7% préstamos o dinero de familiares y conocidos, el 23,6% particulares y el 23,3% aplicaciones o billeteras virtuales. Las categorías no eran excluyentes, porque una misma persona podía recurrir a más de una fuente de financiamiento. La actualización del informe eleva ahora el porcentaje de personas endeudadas al 61,8%.
La variación puede parecer acotada en términos porcentuales, pero adquiere otra dimensión cuando se la observa junto con el 74,4% de hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir los gastos mínimos. La deuda no aparece entonces como un fenómeno separado de la situación laboral y salarial, sino como uno de sus mecanismos de compensación.
"La crisis de endeudamiento que estamos observando es, antes que nada, una crisis de ingresos. Cuando el salario, las changas, o la jubilación misma dejan de alcanzar para llegar a fin de mes, la deuda empieza a ocupar el lugar que antes ocupaban los ingresos. El crédito deja de ser una herramienta y pasa a convertirse en una forma de supervivencia", resumió Menéndez.
Una familia que utiliza la tarjeta para completar la compra del supermercado puede sostener durante ese mes el consumo indispensable, pero deberá pagar el resumen con ingresos futuros. Si vuelve a encontrarse con el mismo faltante, la deuda se acumula. El mecanismo puede repetirse con préstamos, aplicaciones, familiares o prestamistas particulares, hasta convertir el endeudamiento en una parte permanente de la economía doméstica. El informe difundido por el Instituto Periferias a fines de agosto ya había mostrado que el 74,4% de los hogares relevados no podía cubrir los gastos mínimos con sus ingresos, mientras apenas el 11,1% lograba afrontar sus obligaciones básicas.
La respuesta que surge del nuevo relevamiento es que una parte de las familias utiliza distintos mecanismos para completar un ingreso que perdió capacidad para sostener el presupuesto mensual. La deuda funciona como un puente entre lo que entra al hogar y lo que debe pagarse, pero ese puente tiene un costo y se construye sobre el próximo ingreso. La combinación de ambos datos permite observar una secuencia: el ingreso no alcanza, el hogar recorta consumos, la alimentación se deteriora y, cuando aun así no alcanza, aparece la deuda. En este esquema, el crédito no necesariamente permite mejorar las condiciones materiales de vida, sino postergar el momento en que debe afrontarse una insuficiencia que permanece.



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