
Ella tiene 61 años, él 29 y llevan cinco años juntos: “La gente me mira como diciendo: ‘¿No te da vergüenza?’”
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“Para el amor no hay edad” es una de esas frases que se repiten cuando una pareja desafía las convenciones y los prejuicios. Viviana Torres y Miguel Ortega conocen de cerca esa mirada ajena. Aunque los separan 31 años, lograron construir una relación sólida que ya lleva cinco años y medio. Ella tiene 61 años; él, 29. Se conocieron, apostaron por el vínculo y, según cuentan, rápidamente encontraron en el otro un compañero de vida.
La historia de amor comenzó de una manera muy actual: por redes sociales. Se conocieron en Facebook, cuando Miguel reaccionó a una historia de Viviana y ella le respondió. A partir de ese intercambio, empezaron a hablar. “Cuando vi la foto dije: ‘Es una criatura’”, recordó ella, entre risas. Él, en cambio, admite que sintió una atracción inmediata: “El hecho de verla en persona cambió todo, me hizo abrir la cabeza”.
Lo que al principio parecía curiosidad, pronto tomó otro rumbo. Viviana admitió que, al principio, pensó que podía tratarse de algo pasajero. “Era la moda del colágeno y bueno, qué lindo, nos vemos”, repasó. Sin embargo, con el correr de los días entendió que Miguel hablaba en serio. La relación avanzó rápido y, según cuentan, a los tres meses ya estaban conviviendo.
El vínculo no estuvo exento a las miradas ajenas ni de resistencias familiares. Miguel reconoce que en su entorno costó más aceptar la relación. “Mi familia fue lo más complicado, más que nada mi mamá. Hasta hoy en día”, explicó. Pero Viviana sabía el impacto que iba generar la diferencia de edad y lo planteó con crudeza: “Los entiendo, tenemos una diferencia de edad de 31 años. Yo soy más grande que la mamá”.
En su caso, la reacción de sus hijos fue distinta. Viviana tiene dos hijos que son mayores que su pareja: Melanie, de 31 años, y Jonathan, de 34. Según relata, al principio la situación resultaba extraña por una cuestión generacional. Pero con el tiempo se integraron sin grandes conflictos. “Hoy en día son como hermanos”, dice sobre el vínculo entre Miguel y sus hijos. Para ella, uno de los logros más importantes fue haber podido consolidar una dinámica familiar armónica, más allá de los prejuicios externos.
Algo que aparece como una constante en esta historia, es el peso de la mirada social. Viviana admitió que muchas veces la confunden con la madre, la tía o incluso una acompañante ocasional de Miguel. “Una señora me nombró todo un árbol genealógico: ‘¿Es tu hijo? ¿Tu sobrino? ¿Tu amigo?’. No, le digo, es mi pareja”, recordó. Pero también percibe un doble estándar muy marcado: mientras las relaciones entre hombres mayores y mujeres jóvenes suelen naturalizarse, cuando sucede al revés la mujer queda expuesta a juicios más duros.
“El hombre siempre es el piola, el vivo. Y la mujer es la robacuna, la sinvergüenza”, resumió Viviana. Miguel, por su parte, sostiene su postura con firmeza frente a quienes cuestionan su elección: “No tengo que estar pidiendo permiso ni explicando qué voy a hacer de mi vida. No estoy haciendo nada malo. Es algo que a mí me hace bien, me hace feliz”.

Viviana explicó que una de las claves del vínculo fue la madurez de Miguel. A pesar de la diferencia de edad, remarcó que siempre lo vio “muy maduro, muy respetuoso” y destacó que eso le permitió relajarse emocionalmente. “Si hay algo que a mí hoy en día me hizo seguir y apostar a él, es esto de ver que siempre es mi compañero en todo”, afirma.
Como en muchas parejas, también atravesaron escenas de celos, sobre todo al inicio. Pero con el tiempo lograron poner límites y construir acuerdos sanos. “No estoy ahora para que nadie me haga escenitas”, advirtió ella a pocas semanas de haber iniciado el vínculo. Hoy ya no es un problema entre ellos. Miguel coincide en que pudo dejar atrás esa inseguridad inicial: “Hoy en día yo ya me relajo”.
La intimidad, lejos de ser un tema tabú, aparece en su relato con humor, complicidad y espontaneidad. Viviana reconoció que tienen una vida sexual plena, donde se combinan experiencia, deseo y juego. “Nos hemos divertido mucho”, aseguró y remarcó que Miguel siempre la hizo sentir deseada. Él lo confirmó con una frase breve pero contundente: “Siempre. Hasta cuando me das un beso”.

Pensar en el futuro también forma parte de la relación, aunque cada uno lo expresa a su manera. Viviana mezcla ternura y humor cuando le dice: “Si seguís conmigo, me vas a tener que cambiar los pañales”. Pero detrás de la broma hay un deseo y proyección. “Me encantaría que fuera mi compañero hasta el día que cierre los ojos”. Miguel prefiere vivir el presente sin dejar de imaginar lo que vendrá: “Yo lo vivo día a día. Obviamente, para bien”.
Lejos de esconderse, ambos eligen contar su historia como una forma de desafiar prejuicios sociales. “Siempre la gente va a opinar. Date la oportunidad de conocer a la persona”, dejó a modo de mensaje Viviana. Miguel, por su parte, completó la idea con una convicción simple: “Si vos estás bien, si estás feliz, no te tiene que importar lo que piensen los demás”.






Ella tiene 61 años, él 29 y llevan cinco años juntos: “La gente me mira como diciendo: ‘¿No te da vergüenza?’”

