El clima de Argentina-Argelia: banderazos, soñadores y entradas inexistentes

Entre inmigrantes, grupos de amigos, alta alcurnia y algunos laburantes, los hinchas colmaron Kansas City. La amplia mayoría vive en EEUU.
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Argentinos por acá, argentinos por allá. Difícil hacer un par de cuadras sin cruzarse alguna camiseta albiceleste preguntando direcciones. La 10 de Messi está por todos lados: mercados, bares, cafés, las paradas del tranvía gratuito que recorre la calle principal. Los hinchas del campeón del mundo coparon esta ciudad ubicada en el centro estadounidense, hasta hace poco desconocida para ellos, y se esperan muchos más en Dallas. ¿“Masterclass” económica del gobierno? Difícilmente. No todo es lo que parece.

“Vine desde Los Ángeles y me vuelvo el miércoles”, le cuenta Axel a este diario y afirma que pagó mil dólares por la entrada para el partido contra Argelia, la única que compró hasta ahora. Treintañero y de ascendencia asiática, llegó el lunes en avión y habla un argentino impecable porque se crió allí antes de emigrar a Estados Unidos.

La experiencia de María es parecida. Hija de cordobeses, nació en nuestro país en este siglo, pero vive en Kansas City desde hace años, por lo que zafó del gasto del traslado. También tiene su entrada y el precio no parece preocuparla. Al menos no como a dos amigos suyos que las compraron a través de uno de esos sitios de reventa y no les dieron nada, tampoco el dinero. La solución que tomaron: adquirir otras. Billeteras holgadas.

La tendencia se corrobora continuamente entre los varios banderazos que le pusieron color y ruido a la previa argentina en estas tierras. Son mayoría los fanáticos de ascendencia argentina o nacidos y emigrados que aprovecharon la ocasión para calzarse la camiseta nacional -se habla de al menos un 75% del total de la hinchada- y reencontrarse al menos por unos días con sus raíces, aunque sea en otro país. Están quienes hacen el tramo en auto desde otras ciudades y se ofrecen a llevar al que necesite una mano, también los que le ponen precio a ese favor para no exigir el presupuesto.

Por el lado de los que sí cruzaron el continente, los grupos de amigos se hacen notar, como en todas las Copas. “Miti, miti”, responde uno de sus integrantes, separado de los saltos colectivos por estar en muletas, sobre si les salió muy caro el plan. También hay quienes se lanzaron a la aventura en soledad y buscan compartir la habitación que encontraron, o incluso todavía no tienen dónde parar.

Otro hincha prototípico que se puede ver por estos lares viste lentes de sol, camiseta de último modelo dentro de la bermuda y buzo o sweater atado a los hombros. “Dejame que te explique”, se le puede escuchar rápidamente, apenas iniciada la conversación. Mucho más simpático resulta hablar con el “Zurdo”, vendedor mendocino que estará yendo a Dallas para el tercer partido y se las ingeniará llevando camisetas para vender. “Planifiqué el viaje en base a mi laburo, tengo 21 días de vacaciones y bueno, me las dieron para esta fecha. Así que lo pude organizar con tiempo, primero sacar la visa, irme a Buenos Aires a hacer todo el trámite. Es el sueño de acompañar a la Selección en el último Mundial de Messi. Llevamos unas remeras para vender allá, así que con toda la fe intacta”, cuenta este soñador.

El poder de las redes

Con tanta clientela variopinta a disposición en las grandes competencias deportivas como esta, las empresas más poderosas aprovechan la ocasión y generalmente son beneficiadas con entradas para usar a discreción, ya sea para ellos mismos, sortear entre usuarios o repartir a algunas celebridades. Es el caso de un creador de contenidos sudamericano que, con algunas decenas de seguidores en Instagram, recibió el mensaje de una compañía de cuidado personal que auspicia la Copa, para saber si quería ir a ver el partido a cambio de alguna que otra historia.

Esperanza de laburante

“Como soy Uber, me dejan pasar al estacionamiento sin pagar. Entonces vendré una hora antes del partido y, a través de una app de reventa, veré si alguien no puede llegar y pone la entrada a buen precio. Lo hago seguido con los Chiefs (equipo de fútbol americano) y funciona”, planeaba hace días un jubilado mexicano que se dedica a llevar gente de acá para allá. ¿Se le habrá dado?

Así te roban en Kansas City

El centro de la ciudad se vio más agitado que de costumbre en la noche del lunes con la llegada de la gran mayoría de hinchas argentinos (y de argelinos; según medios de ese país se esperaban casi 5 mil y vaya que se destacan). El punto de reunión fue en el denominado “Power and Light District” -Distrito Luz y Fuerza, en castellano; denominado así no por simpatía sindical, sino por una vieja empresa pública- y destacado por tener una manzana en la que hay muchos bares mirando todos hacia un mismo gran patio, con pantalla gigante para ver los partidos. Rápidos para los mandados, los organizadores de una fiesta argentina que está muy de moda armaron con anticipación su aterrizaje en el lugar y pusieron a la venta las entradas en un sitio web, a 45 dólares cada una, más o menos. Entre otros estuvieron los muchachos de Un poco de Ruido y también La T y la M con su afamado hit mundialista “Pa’ la Selección”. El lugar se abarrotó, hubo mucha cumbia y hasta un pogo ricotero a modo de educación para los no argentinos que pasaron por el lugar. El detalle: para ingresar no hacía falta pagar ninguna entrada. La viveza criolla, pero de alta alcurnia.

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