Sin embargo, este preacuerdo dista mucho de ser un tratado de paz definitivo; en la práctica, opera como una tregua táctica de 14 días destinada a estabilizar temporalmente los mercados energéticos y permitir a las partes rearmarse para la próxima escalada. Por lo tanto, el horizonte de una resolución real sigue siendo incierto frente a la poca durabilidad y alta volatilidad de los discursos oficiales. En este sentido, la crisis trasciende el plano militar y se despliega en tres frentes simultáneos: el desastre humanitario, la asfixia económica global y una guerra comunicacional sin precedentes, donde la narrativa política se disputa minuto a minuto en las redes sociales.
Pakistán como mediador y China como garante: la cocina del acuerdo












