La inflación de CABA mete presión a la nacional

El índice de precios porteño trepó 3% en marzo y no desacelera, los aumentos en educación, transporte, combustibles y tarifas empujaron el número al alza. En lo que va de 2026, acumula una suba de casi 9%. Signos de agotamiento.
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La inflación en la Ciudad de Buenos Aires volvió a acelerarse en marzo y encendió una nueva señal de alarma para el Gobierno, de cara al dato nacional que difundirá el Indec la próxima semana. El índice de precios porteño marcó una suba de 3 por ciento, por encima del 2,6 de febrero, impulsado por aumentos en educación, transporte, combustibles y tarifas, en un contexto en el que el proceso de desaceleración inflacionaria empieza a mostrar signos de agotamiento.

Con este resultado, la inflación acumulada en el primer trimestre de 2026 se ubicó en 8,9 por ciento, mientras que la variación interanual alcanzó el 32,1, según informó el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires. El dato porteño funciona habitualmente como anticipo del IPC nacional y refuerza las expectativas de que marzo mostrará un rebote inflacionario a nivel país, complicando uno de los principales objetivos políticos y económicos de la administración de Javier Milei.

Otro de los capítulos de mayor impacto fue Transporte, que avanzó 6 por ciento en marzo por el ajuste en el boleto de colectivo urbano y el aumento de los combustibles. En un mes atravesado por la presión internacional sobre el precio del petróleo a raíz de la guerra en Irán, el litro de gasoil premium se ubicó en 2.097,30 pesos y la nafta premium en 2.037,33 pesos.

También se mantuvo elevada la presión en el rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que trepó 3,2 por ciento. Allí incidieron nuevos incrementos en alquileres, expensas y tarifas de servicios públicos, con subas de 7,8 por ciento en electricidad y 4 por ciento en agua. El peso de estos ajustes volvió a reflejar el impacto que tiene sobre el índice general la política de actualización tarifaria y reducción de subsidios.

En alimentos y bebidas no alcohólicas, uno de los rubros de mayor sensibilidad social, la suba fue de 2,6 por ciento. El principal impulso provino de carnes y derivados, que aumentaron 6,3 por ciento en el mes. También se registraron incrementos en pan y cereales, así como en leche, productos lácteos y huevos. Parte de esa presión fue compensada por la caída de verduras, tubérculos y legumbres, que retrocedieron 3,3 por ciento, y por la baja de frutas, de 1,8.

La dinámica inflacionaria mostró además que los servicios continúan creciendo por encima de los bienes. Durante marzo, aumentaron 3,1 por ciento contra un 2,8 de los segundos, ratificando que el núcleo más persistente de la inflación sigue concentrado en sectores vinculados a tarifas, educación, salud y alquileres.

En ese marco, la inflación núcleo —que excluye precios regulados y estacionales— se ubicó en 2,7 por ciento, un nivel todavía elevado para las aspiraciones oficiales de converger hacia registros mensuales cercanos al 1 por ciento. La cifra sugiere que, más allá de los aumentos puntuales en regulados, la inercia inflacionaria continúa firme y dificulta una desaceleración más marcada.

La única moderación relevante del índice provino de los productos estacionales, que bajaron 4,5 por ciento, principalmente por la caída de los precios en alojamientos turísticos, paquetes vacacionales y pasajes aéreos tras el final de la temporada de verano. Sin embargo, esa corrección no alcanzó para neutralizar el impacto de los aumentos en rubros estructurales.

El dato de marzo consolida así un cambio de tendencia respecto de los meses previos y refuerza la percepción de que la inflación encuentra un piso más elevado que el esperado por el Gobierno. La combinación de subas tarifarias, aumentos en combustibles, ajustes en educación y persistencia de la inflación núcleo empieza a configurar un escenario más complejo para la estrategia oficial de desinflación.

Con el IPC porteño como referencia, el mercado ya anticipa que el número nacional de marzo podría ubicarse por encima del 3 por ciento. En un año atravesado por tensiones económicas, cada decimal adicional de inflación adquiere un peso político creciente.

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